Cada quien lo hace distinto
Tres personas ejecutan la misma tarea de tres maneras y las tres creen que la suya es la correcta. Nadie está mal: nunca se definió cuál era.
Cuando el trabajo está mal repartido, automatizarlo solo hace el desorden más rápido. Este es un taller sobre el proceso real: se observa, se mapea, se reparte distinto y se mide. No se instala software.
Si te reconoces en esto, comprar un sistema no lo va a arreglar. Lo va a hacer más caro.
Tres personas ejecutan la misma tarea de tres maneras y las tres creen que la suya es la correcta. Nadie está mal: nunca se definió cuál era.
El proceso vive en la cabeza de quien lleva más tiempo. Cuando falta o se va, el negocio improvisa y el cliente lo nota.
«Es que el sistema no sirve.» A veces es cierto; muy seguido el sistema solo está reflejando un proceso que nadie ordenó antes de cargarlo ahí.
Con quien ejecuta el proceso, no solo con quien lo dirige. La diferencia entre lo que se cree que pasa y lo que pasa suele ser el hallazgo.
Vamos a ver cómo se hace de verdad, en el lugar donde se hace. Los atajos y las excepciones no aparecen en ninguna descripción de puesto.
Se dibuja con quien lo ejecuta: quién hace qué, en qué orden, dónde se espera y dónde se repite trabajo. Casi siempre el mapa solo ya incomoda.
Se quita lo que no debería existir, se reparte distinto lo que queda y se escriben los guiones y procedimientos. Corto y usable, no un manual que nadie abre.
Se registra el tiempo y los errores antes de cambiar nada, y se vuelve a medir después. Sin eso, «mejoró» es una opinión.
Negocios con equipo, con un proceso que pasa por varias manos y con la sensación de que se trabaja mucho para lo que se produce.
Depende de cuántas personas toquen el proceso y de si está en un solo lugar. El formato de referencia es [pendiente: días de observación y sesiones de trabajo del taller], más la medición posterior.
Quien ejecuta el proceso, sin excepción, y alguien con autoridad para aprobar cambios. Si solo participa la dirección, el mapa sale idealizado; si solo participa la operación, no hay quien autorice lo que hay que cambiar.
El mapa del proceso, la nueva repartición de responsabilidades, los guiones y procedimientos escritos, y la medición del antes y el después. Todo en formato de uso diario, no de carpeta.
Pasa seguido, y ahí es donde conviene: automatizar un proceso ya ordenado cuesta menos y sale mejor. Se cotiza como proyecto aparte, y con el proceso escrito la cotización es mucho más precisa que sin él.
30 minutos, sin costo. Salimos sabiendo si tu problema es de proceso o de herramienta. Son cosas distintas y se resuelven distinto.